Entre pasado y futuro

Una vez más, como suele suceder cada cierto tiempo y entre etapas de esta vida, me encuentro en el puro centro de lo que ya empieza a ser mi futuro y lo que está quedando en el pasado.

Otra vez debo tomar decisiones para determinar los días que están por venir... y en tan poco tiempo!! Si acaso horas, o más bien segundos... Debo decidir si dejar en el pasado todo aquello que hasta ahora me provocó tanto dolor como ganas de reir y ser feliz, aunque fuera felicidad de la que dura tan sólo un poco, o seguir viviendo.

Una vez más, me encuentro en el centro de la balanza, entre ayer y mañana. Entre una letra y otra (la quinta y la onceava), entre madurez y experiencia, entre deseo y amor o lo que yo creo que puede ser, entre celos y confianza, entre caricias y heridas, entre besos y lágrimas... y viceversa. Decisión, para nada difícil de tomar.

Esta vez, estando al borde de mis 28 años -un poco recordando- y con mis enormes deseos de amar sin contemplaciones y recibir la misma dosis y un poquito más, grito hacia adentro como queriendo espantar los fantasmas acechadores que alguna vez estuvieron en aquel ropero gigante, antes de confesarme timidamente y con una gotita en su mejilla, que había soportado todo y aún estaba conmigo porque me amaba.

Ayyy amar, verbo que duele y que no he aprendido a conjugar en primera persona, quizá sólo aprendí mal de aquellos maestros del pasado que me enseñaron que el amor verdadero duraba solamente tres meses... y esos tres meses se convirtieron en año y medio con un receso, el otro medio año fue solamente capricho con un toque de costumbre y mucho miedo a la soledad. Aunque debo reconocer, que el último maestro fue quien me enseñó mejor a callar, a llorar, a reir, a compartir, a ser fiel, a respetar, inclusive a intentar conjugar ese verbo y fue mi mejor intento.

A pesar de todo, poco a poco fui poseída por aquel extraño ser que ya no me dejaba ser, ni dormir. Me inyectaba sangre negra que se apoderaba de mi paz, me torturaba contándome historias al oído de infidelidades y mentiras, y al final, para terminar de matarme, me presentó a la protagonista de cada una de mis dudas. Ella, la que me impulsó a reclamar, a insistir, a odiar, a desmentir y a desconfiar.

Ya estando cerca de lanzarme al vacío de un mundo sin ilusiones y abrazarme a la desdicha del nunca más, escuché aquella melodiosa guitarra y una tímida voz cantando muy bajito una canción de Serrano...

"Duermes, y un hombre escribe versos frente a una computadora..."

Sé que el motivo de sus versos no era yo, pero esos versos me obligaron tiernamente a volver mi vista hacia arriba y ver una luz descendente desde el más alto de los cielos, y ahí estaba el. Con menos necesidad que yo, pero con el mismo vacío y los mismos deseos.

A el, lo llamé futuro.

Sentí lo que hace años no sentía, miedo del bueno, el temblor, los colores al rostro y el brillo a los ojos. Así, sin más voces en el silencio dormí lo que hace mucho no dormía. Volvieron las maripositas al vientre y la paz al pecho.

Pareciera difícil de creer, pero en mi presente es tan fácil desprenderme de las dudas y los miedos, los recuerdos ya no están tan cerca y la costumbre se perdió. Debo confesar que aún me encuentro dividida entre el pasado y mi futuro. Sin embargo, basta tan sólo cerrar los ojos e imaginar su barbilla en mi hombro para volar hacia mi futuro soñado.

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